2 de Octubre. 10ª Etapa: BENAVENTE-ASTORGA. (78 km)

Me despierto con la primera luz del día despuntando en las ventanas y con la agradable sensación de haber dormido del tirón: anoche era el único morador del albergue, así que no hay ruidos de cremalleras y bolsas, ni luces que se encienden cuando uno todavía duerme. El silencio a mi alrededor me recuerda que la de hoy será otra etapa solitaria y poco o apenas transitada, como lo es el recorrido Zamora-Astorga entre las rutas jacobeas, algo que en cierto modo le confiere un encanto especial.

Justo en el momento en que me dispongo a coger la bici doy por buenas todas mis prevenciones del día anterior, pues ocurre lo que temía que ocurriera: la rueda delantera está totalmente desinflada y tengo que poner a prueba la bomba de los chinos. Así que, con el corazón encogido, acoplo la misma a la válvula y… poco a poco y con gran trabajo consigo dejar la rueda a medio gas, pues llega un momento en que la presión del neumático supera la capacidad de la “bomba“.
Parece que el pinchazo es pequeño y aguanta, así que vuelvo a atravesar Benavente en busca de una gasolinera en las afueras donde poder meterle más presión. Podría haber sido mucho peor; aliviado y contento por haber sido precavido, vuelvo al centro, desde donde tras desayunar me pongo en camino.

La etapa de hoy, excepto los primeros y últimos tramos, discurre casi toda por pequeñas carreteras locales y sin tráfico, lo que me va a permitir rodar con soltura. Así, llego por camino hasta la localidad de Villabrázaro donde comienza el asfalto.


Señalización de la Vía en Villabrázaro.


Llegando al pueblo de Maire de Castroponce.

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Por alguno de los pueblos por los que avanzaba, encontraría este tipo de construcciones: se trata de bodegas donde se elabora el vino de la zona y cuyas chimeneas no son sino respiraderos.

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Y por fin entrando en la provincia de León.


Puente de la Vizana, de origen romano, hito histórico y emblemático de la Vía de la Plata y de la Cañada de la Vizana a la que dio nombre. Aún se aprecia la reconstrucción del arco central, que volaron los ingleses en la Guerra de la Independencia para impedir el avance de las tropas francesas.


Iglesia de San Esteban, en Alija del Infantado. En su interior guarda un artesonado mudéjar que no pude ver por encontrarse cerrada.

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Villanueva de Jamuz: Castillo de los Quiñones. Aquí vivió D. Suero de Quiñones, caballero del Siglo XV que protagonizó los hechos del “paso honroso” en Hospital de Órbigo.


Al pasar por Santa Elena de Jamuz me llama la atención este artilugio de madera enclavado en una huerta: se trata de un cigüeñal para extraer agua de uno de los muchos pozos subterráneos que hay en la zona. No en vano el pueblo cuenta con un Museo del Agua donde al aire libre se exponen varios de estos ingenios.


Noria con palanca de tiro donde se ata la bestia que la acciona.

Es poco más del mediodía cuando llego a La Bañeza donde había previsto comer, lo que me dispongo a hacer después de sellar en el albergue y callejear un poco con la bici.

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La Bañeza. Iglesia de Santa María, con su torre desmochada.


Ayuntamiento de La Bañeza.

Nada más salir de La Bañeza vuelvo a dejar el asfalto para tomar el camino que aparece a la derecha y que transcurre paralelo a la N-VI (la N-630, que me acompañó tantos km desde Sevilla, se quedó en Benavente). El calor aprieta a primera hora de la tarde y, como la distancia que falta para cubrir la etapa es corta, decido tomármelo con calma.
Tras una hora y media de tranquilo pedaleo y haber cruzado el Puente Valimbre, llego a Celada para entrar por asfalto en Astorga.


Puente Valimbre, último puente romano de la Vía de la Plata antes de Astorga.

Sin entrar en el casco urbano encontré una gasolinera con bar donde me esperaba una caña bien fría antes de volver a hinchar la rueda, que había perdido bastante presión, y lavar la bicicleta (como ya hiciera en Cáceres) que ya era prácticamente irreconocible.
A medida que me adentro en la ciudad la afluencia de peregrinos del Camino Francés se va haciendo notar por sus calles: nada que ver con la solitaria Vía de la Plata. La misma impresión me llevaría en el albergue municipal donde, tras la ducha y la colada, engrasé la bici y reparé el pinchazo en el sótano que tienen para guardarlas, con una bomba “de verdad” que me prestó un ciclista samaritano.

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Lateral y portada de la Catedral de Astorga.


Palacio Episcopal, obra de Gaudí.


Astorga. Plaza Porticada y Ayuntamiento.

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