3 de Octubre. 11ª Etapa: ASTORGA-LEÓN. (52 km)

Último día de mi viaje, cuyo proyecto original era sin embargo enlazar en León la Vía de la Plata con el Camino del Salvador hasta Oviedo. Partí de Astorga a primera hora, con la idea de finalizar la siguiente etapa de este nuevo trayecto en La Robla o tal vez en La Pola de Gordón pero al mediodía, ya en León, recibí noticias familiares (nada grave) que hacían recomendable mi presencia en casa; en ese momento pensé que si continuaba no iba a disfrutar del Camino como hasta entonces y decidí finalizar aquí el viaje, aunque sería más bien un punto y aparte pues espero volver en la primavera de 2012 para concluirlo.

Tras abandonar el atestado albergue de Astorga y desayunar, volví a la ruta, ahora ya Camino Francés aunque en sentido inverso. El día amanecía azul pero el frío a esas horas era intenso por lo que, por vez primera desde que saliera de Sevilla, tuve que usar la chaqueta corta-vientos. A medida que se afianzaba la mañana iba aumentando el trasiego de peregrinos que en grupos o en hilera (a veces auténticas hordas) encontraba a mi paso, lo que no dejó de sorprenderme dada la época del año, y se hizo constante a partir de Hospital de Órbigo.

Atrás quedaba Hospital de Órbigo, con su Puente del Paso Honroso.

Así, en apenas tres horas me encontraba a las puertas de León, junto al Hospital San Marcos, tras cruzar el puente del mismo nombre. Detrás de este edificio, con múltiples usos a través de su historia -desde hospital de peregrinos y cárcel (aquí estuvo preso Quevedo) a museo y parador en la actualidad-, comienza el Camino de El Salvador, pero yo antes tenía previsto hacer una parada en la ciudad y acercarme al albergue de las Carbajalas, donde algunos miembros de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago en León ejercen de hospitaleros, y así informarme con más detalle del estado del camino y la disponibilidad de los albergues, así que me encaminé hacia allí.

La atención y la información que me brindaron los dos hospitaleros fue inmejorable, demostrando un gran conocimiento del camino a Oviedo ya que ambos lo habían recorrido a pie. En ésas estaba cuando sonó mi móvil: noticias nada alentadoras para seguir adelante, por lo que después de meditarlo decidí posponer esta empresa para mejor ocasión. Les agradecí la colaboración a los del albergue y éstos me ofrecieron la posibilidad de alojarme allí esa noche en el caso de que no regresase a casa hasta el día siguiente como así ocurrió. Tras consultar los horarios de tren y autobús comprobé que ese día era inviable y que lo más razonable sería viajar al día siguiente en tren. En fin, que tenía toda la tarde por delante para organizar el regreso y, de paso, hacer un poco de turismo por León, algo que además me apetecía pues mi última estancia allí fue diez años atrás haciendo el Camino francés desde Frómista. Así pues, no puedo menos que estar agradecido por la acogida que tuve en este albergue de las Carbajalas, bien cuidado y atendido con esmero por las monjas benedictinas.

Albergue de Santa María de Carbajal, en la Plaza del Grano y en pleno Barrio Húmedo, lo que me serviría de excusa para comer o cenar en algunos de sus tantos y tan buenos bares. Tras dejar los arreos y la bici en el albergue, asearme y cambiar mi indumentaria por la de turista, me dediqué a callejear sin rumbo y sin prisas visitando y haciendo algunas fotos de los muchos rincones de esta bella ciudad.

Ayuntamiento y Plaza Mayor.

Lateral y fachada principal de la catedral.

Rosetón de la nave principal.

Vidrieras.

Muralla romana.

Interior de la Basílica de San Isidoro. El exterior estaba tapado con andamios y tampoco pude visitar el Panteón de los Reyes.

La modernista Casa de los Botines, de Gaudí.

Exterior y patio interior del Palacio de los Guzmanes.

Así pues, ya entrada la noche puse fin a mi estancia en León y a mi aventura de doce días por la Vía de la Plata, encaminando mis pasos hacia el Barrio Húmedo. Al día siguiente me esperaba el regreso, que haría con transbordo en Palencia en trenes de media distancia y cercanías hasta Santander, donde tomaría un tercero de vía estrecha que me dejaría a las puertas de mi casa a través de un paseo de cinco kilómetros por carril-bici.
Elegí esta opción (sin duda la mejor forma de viajar con la bici) frente al autobús (igual duración del viaje y también con transbordo) por la comodidad que supone poder transportar la bicicleta sin embalarla, en el mismo vagón y sin coste alguno, a pesar de que el decimonónico trazado de la vía Palencia-Santander hace de este trayecto de 200 Km. un viaje de tres horas y media. Otro dato a favor es que ALSA factura dos veces el porte de la bici si hay transbordo aunque el billete sea único.

Mi compañera de viaje, en el último tren (de momento)…

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Finalmente y a modo de aclaración quiero añadir que todas las distancias que aparecen reflejadas al inicio de cada etapa no se corresponden con la distancia real, sino con los kilómetros recorridos, que incluyen vueltas, desvíos, errores, …etc.

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