22 de Septiembre. 1ª Etapa: SEVILLA-ALMADÉN DE LA PLATA (75.2 Km.)

El día 3 de Octubre de 2011 finalicé mi viaje en León, a donde llegué con la intención original de seguir el Camino de El Salvador hacia Oviedo pero que debido a asuntos familiares decidí posponer para mejor ocasión (algún fin de semana de primavera quizá). Aunque mi principal objetivo, la Vía de la Plata hasta Astorga, se cumplió con creces: buen tiempo, ningún percance ni caída, exceptuando dos pinchazos (uno en cada rueda) y sobre todo, disfrutando del Camino.

Fueron once días, más una jornada de descanso en Cáceres, que viví plenamente, algunos solo y otros acompañado por bicigrinos de los que conservo un grato recuerdo. Entre ellos quiero hacer mención a Villaboa, alguien especial en ese foro y ya un amigo, a quien nunca agradeceré lo suficiente su compañía en esta primera etapa, en definitiva un gran tipo y un guía excelente con quien en amable charla compartí el camino hasta Guillena.

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Con Villaboa, ante la Catedral de Sevilla y kilómetro 0.


Con estas ruedecillas fue un logro haber pinchado sólo dos veces pero, eso sí, la cabalgadura se portó impecablemente hasta el final.

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Curioso recordatorio colgado en la Venta de Itálica, donde también nosotros nos avituallamos convenientemente.

A partir de Guillena el camino se volvió complicado, en concreto una zona trialera y en constante subida antes de Castilblanco de los Arroyos, hasta el punto de tener que empujar la bici durante ( ¿1?, ¿2 km?) un trecho que me pareció eterno y donde incluso caminar tenía su gracia. Para mí ésta fue la mayor dificultad de toda la Vía, no sólo por lo accidentado del terreno sino además por ser la hora de más calor y quizá también por tratarse de la primera etapa en la que uno aún no se ha habituado al Camino.

Serían las dos de la tarde cuando llegué a Castilblanco de los Arroyos y allí, después de comer en uno de los dos mesones que hay en el centro del pueblo, me acerqué al albergue de peregrinos a refrescarme y descansar a la sombra algo más de una hora mientras cedía un poco la solana.

Una vez repuesto de los rigores del calor continué el viaje de nuevo por la carretera, la cual seguiría también al llegar al desvío hacia el parque forestal de El Berrocal, bordeándolo a mi derecha y evitando así el paso por el cerro del Calvario pero no el esfuerzo, ya que este tramo de carretera por la quebrada orografía de la Sierra Norte de Sevilla es una sucesión de continuos cambios de rasante, algunos con fuerte desnivel, lo que sin embargo compensa la belleza del paisaje.

Ya bien entrada la tarde y con las fuerzas bastante justas, llegué al albergue  municipal de Almadén de la Plata. Después de instalarme y tras una reparadora ducha, me dediqué a pasear por las calles de este bonito pueblo mientras disfrutaba del aire fresco del atardecer, al tiempo que buscaba la posada donde más tarde compartiría mesa con otros peregrinos.

Iglesia y vista general de Almadén de la Plata.

23 de Septiembre. 2ª Etapa: ALMADÉN DE LA PLATA-PUEBLA DE SANCHO PÉREZ (98 Km.)


Poco después de amanecer, en Almadén de la Plata, antes de partir hacia Zafra.


El Real de la Jara. Un descanso antes de entrar en Extremadura tras el arroyo. Al fondo el Castillo de las Torres.
A partir de aquí 10 kilómetros en muy buen estado para disfrutar del paisaje de dehesa.
Cuando terminé de hacerme la foto anterior apareció Iñaki, un ciclista vizcaíno que conocí en Sevilla (coincidimos en el albergue Triana y en el de Almadén de la Plata) y se dirigía a Santiago y con quien compartiría el camino hasta Granja de Moreruela, si bien cada uno llevábamos nuestro propio ritmo, distanciándonos a veces varios kilómetros, lo que no impidió que pudiéramos compartir mesa y buenos momentos.

Quiero reseñar aquí la buena atención que me prestaron en ANKAY BIKE, una buena tienda y taller de reparación de bicicletas en Monesterio, donde me hice de algunos repuestos. Tienen además un servicio de asistencia a los ciclistas que se quedan “tirados”, acercándose en coche a recogerlos.

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Iñaki, compañero de fatigas, reparando una avería en sus alforjas.

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Torre de la iglesia de Fuente de Cantos.

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Mosaico publicitario en una pared de la localidad, que recuerda usos agrícolas de otras épocas.

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Plaza Chica de Zafra, con su “vara castellana” grabada en una de las columnas.

Esos días se celebraba en Zafra la pre-feria, el albergue estaba lleno y no había otro alojamiento disponible que admitiera bicicletas por lo que hubo que retroceder hasta Puebla de Sancho Pérez, donde la Junta de Extremadura ha rehabilitado un viejo cortijo como Albergue Turístico.

24 de Septiembre. 3ª Etapa: PUEBLA DE SANCHO PÉREZ-TORREMEJÍA (56 Km.)

Como final de etapa había pensado en Mérida pero en el albergue de la Puebla de Sancho Pérez nos informan de que el de Mérida está cerrado por una plaga de chinches (sí, habéis leído bien, yo también pensaba que eran cosa del pasado). Con este cambio de planes la etapa se presenta corta, a falta de los últimos 16 km, además de sencilla, pues transcurre llana y más bien picando hacia abajo por una muy buena pista entre viñedos.
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Llegamos a Torremejía a la hora de comer habiendo recorrido tan sólo 56 km por lo que decidimos aprovechar la tarde para visitar Mérida, a donde nos acercamos en autobús.

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Albergue de Torremejía, también de la Junta de Extremadura, en el Palacio de los Mexía, rancio abolengo que da nombre a la localidad. En la fachada, a la derecha de la entrada pueden apreciarse restos de esculturas de origen romano usados como basamento y traídos de algún yacimiento cercano. El que está sentado es un peregrino catalán, buen conversador que entre pitillo y pitillo pasa la tarde pegando la hebra con todo el que entra o sale.

25 de Septiembre. 4ª Etapa: TORREMEJÍA-CÁCERES. (99 Km.)

El camino hasta Cáceres, igual al del día anterior, no presenta dificultad pero a partir de Mérida se complica por lo accidentado del terreno, por una pista con muchas piedras, lo que añadido a la distancia que habrá que recorrer y a los alicientes que presenta la etapa, hace que lleguemos a Cáceres bien avanzada la tarde.


Mérida. Puente romano sobre el Guadiana, acceso a Mérida de la Vía de la Plata.


Mérida. Acueducto de los Milagros.

Quiero recordar aquí a Luis, un flemático gallego de Lalín que iba de Mérida a Santiago y rodaría con nosotros este día, con quien pasamos buenos momentos y una grata velada en Cáceres. En los días siguientes nos haría de avanzadilla para indicarnos las dificultades del camino.


Aunque sí había toros en las inmediaciones, el cartel de esta cancela se refiere obviamente a otras criadillas, una especie de trufa que, por lo visto, se da por allí.


Distintas señales y crucero en el camino. Hasta Alcuéscar, todo hacia arriba con una ascensión final bastante exigente.

Puente romano a la entrada de Casas de Don Antonio.

Miliario "correo"

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Miliario “correo” y puente romano antes de Aldea del Cano.


Aldea del Cano. Bonita iglesia gótica de San Martín, en la plaza del pueblo.
El bulto donde descansa mi tocaya es el tronco de una encina de, según me aseguró un paisano, unos 600 años a la que llaman el “Tuero”, una tradición consistente en la corta de uno de estos ejemplares en el verano para ser quemado ahí mismo en Navidad. Las brasas de tanta leña deben durar varios días…

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Desde Valdesalor al Puerto de las Camellas opté por la carretera: los kilómetros y la dureza de la etapa iban haciendo mella. Aun por carretera, esta larga subida justo al final de la jornada tiene su miga.


Y finalmente Cáceres, donde me tomaría un día de descanso, decisión que secundó el vizcaíno en tanto que Luis el gallego continuaría al día siguiente su camino.

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La Plaza Mayor, esta vez a plena luz.



Una de las calles que dan acceso al barrio judío.
Marca en el suelo con el emblema de la Red de Juderías de España que días más tarde vería también en León y, si mal no recuerdo, en Salamanca.

27 de Septiembre. 5ªEtapa: CÁCERES-CARCABOSO. (94 Km.)

“Nada es lo que parece“.

Tras el descanso de ayer y con las fuerzas renovadas, nos levantamos con las primeras luces del amanecer con ganas de volver al camino. La intención era llegar al menos a Galisteo pero como allí sólo quedaba una plaza libre en el albergue, decidimos seguir hasta Carcaboso.


Enseguida abandonamos Cáceres por la carretera que conduce a Casar de Cáceres donde, tras un contundente desayuno en una churrería junto a otros peregrinos que habían pernoctado en el albergue del pueblo, nos pusimos en camino con el sol ya en el horizonte.

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Miliarios. El trazado de la calzada romana se aprecia perfectamente aún en varios tramos entre Casar de Cáceres y el embalse de Alcántara.


El embalse de Alcántara ya se divisa a lo lejos. Pronto enlazaremos con la N-630 para cruzar los ríos Almonte y Tajo que lo forman.


Esta vez el fuerte viento en contra me priva de lo que hubiera sido un rápido descenso.

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La Torre Floripes emerge de las aguas del embalse de Alcántara


Y por fin cruzando el Tajo …

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El puente romano de Alconétar, que trajeron aquí en los 60 al construir el embalse.
Fijaos en lo que hay tras uno de los pilares: sí, una caravana, el impacto visual es brutal. El caso es que no estaba habitada, pude comprobarlo desde el otro lado. ¿…?
No me sorprendería que aún siguiera ahí…

Desde aquí hasta Cáñaveral continué por la carretera pues el camino hasta allí presentaba muchas piedras sueltas, como luego me confirmaría el compañero Iñaki que sí lo siguió. La carretera avanza en continuo ascenso y con el viento de contra se me hizo interminable.


Cañaveral. Al menos desde la carretera pude hacer esta foto del puente medieval por donde cruza el camino, llamado del Contadero pues parece ser que su paso se aprovechaba para contar las ovejas y así cobrar un impuesto.


Mientras tomábamos unas cañas para aplacar el calor, nos sorprendió este viejo cinematógrafo del otrora cine Málaga, hoy sólo bar.

De nuevo continuamos por la carretera hasta coronar el puerto de los Castaños, pues la subida por el camino tenía “muy mala pinta“, con rampas muy pronunciadas y muchas piedras. Arriba en el puerto, lo que en el mapa figuraba como “hotel” resultó no ser tal, sino casa de mancebía…
Ahora sí, tomamos el camino y nos desviamos a Grimaldo para reponer fuerzas, pues el calor y el hambre apretaban. En el Bar Grimaldo, su propietaria Adela Cerro (y encargada del albergue justo al lado) nos preparó al momento sendos platos de huevos con jamón, de los que dimos cuenta a la sombra de una parra en la terraza que tiene a la entrada. Allí entablamos conversación con un parroquiano de muy avanzada edad que, en la mesa vecina, se quejaba amargamente de las obras del AVE (Madrid-Lisboa), pues desde que comenzaron se habían ido secando todas las fuentes que existían en la comarca. Por aquello de la voz de la experiencia, razón no le faltaría.
Abonamos el suculento almuerzo (por un más que módico precio) y después de que la señora nos sellase la credencial, continuamos el camino.

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Una vez dejado atrás Grimaldo el paisaje es espectacular, a través de un bosque de encinas y en descenso hasta el embalse de Riolobos (en la foto). A partir de aquí comenzó nuestro calvario de esta jornada: las malditas señales equívocas hacia Galisteo que algún desaprensivo había pintado recientemente. Después me acordaría del bueno de Villaboa que me advirtió previamente pero, en ese momento, caímos como incautos en la trampa: las flechas te sacan hacia el pueblo de Riolobos, lo que supone un considerable rodeo, por una carretera con continuos toboganes, el último como una V que nos desfondó. Y aún faltaba la subida a Galisteo.

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Entrada a Galisteo por carretera.

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Galisteo: Muralla almohade y Torre de la Picota.

Unas jarras de cerveza helada en un bar de la plaza del pueblo y la contemplación de sus murallas consiguen hacernos olvidar el cabreo que traíamos a cuenta del desvío y los consiguientes kilómetros de más.
En vista de que en el albergue sólo queda una plaza y de que nos separan de Carcaboso 10 km llanos de asfalto, continuamos hasta allí en un tranquilo pedaleo siguiendo el curso del río Jerte.
Esa noche nos hospedaríamos en casa de la Sra. Elena, que regenta el bar Ruta de la Plata.

28 de Septiembre. 6ª Etapa: CARCABOSO-CALZADA DE BÉJAR. (68 Km.)

Muy de mañana nos levantamos y, tras recoger y desayunar en el bar Ruta de la Plata, nos pusimos en marcha: el día se anticipaba duro por los 1000 metros de desnivel que habría que ascender hasta Calzada de Béjar.
Hasta Venta Quemada seguimos la carretera y aunque da un rodeo, nos sirvió para ir poniendo las piernas a tono y así evitamos saltar los varios muretes que existen en este tramo del camino, algo complicado para las bicicletas, tomándolo allí de nuevo hasta Cáparra a donde se llega tras atravesar un bosque de encinas.

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Ruinas de la ciudad romana de Cáparra y arco cuadrifonte, único en la península ibérica.

Después de las fotos de rigor nos entretuvimos en visitar las excavaciones y el Centro de Interpretación donde hicimos acopio de agua y algún refresco en la máquina que allí tienen instalada, ya que hasta Aldeanueva del Camino no hay otra posibilidad.
Tras recorrer apenas dos kilómetros por una carreterita que enlaza el Centro de Interpretación con el camino, llegó el primer pinchazo: la rueda trasera y en una zona donde no había ni una triste sombra bajo un sol abrasador, ni un soplo de aire.
La cosa me llevó una media hora entre cambiar la cámara y desmontar y montar toda la impedimenta que había dejado esparcida por el suelo.
De nuevo en marcha y después de sortear un rebaño de vacas tuve que emplearme a fondo para alcanzar al amigo Iñaki que no obstante ya me esperaba en un alto. Aquí ocurrió algo gracioso: él me preguntó entre risas si había tropezado con un rebaño y el pastor que lo guiaba desde un todo-terreno “con una buena cogorza“. Lo gracioso es que cuando yo pasé por allí el todo-terreno ya no estaba y, ¡ay Dios!, enseguida dedujimos que el desgraciado hubiera caído a la cuneta. Por suerte para él circulaba en primera y eso tranquilizó nuestras conciencias, pues no era cuestión de volver.
Ya sin más paradas y en continua y progresiva ascensión llegamos a Baños de Montemayor donde en una tasca en el centro del pueblo nos esperaba una refrescante caña de primero y un bocadillo de buen jamón con su correspondiente cerveza.


Baños de Montemayor.

Hacemos aún un poco de tiempo de sobremesa para que ceda un poco la solana y comenzamos la subida del puerto de Béjar despacito y sin pausa. Un poco antes del final hay una fuente de la que sale un agua muy fresca y aprovecho para llenar los bidones.


Baños, desde el puerto de Béjar.

Una vez arriba retomamos la senda en un desvío a la izquierda. Ahora el paisaje cambia totalmente respecto al que hemos dejado atrás: bosques umbríos de castaños y robles que nos alivian del calor y por los que pasamos en un largo y rápido descenso hasta el Puente de la Malena.

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Descenso del puerto y Puente de la Magdalena o Malena, casi oculto por la vegetación.

Rodamos un poco más, ahora en llano y paralelo al río Cuerpo de Hombre (curioso nombre, valga la rima), hasta que comienza una nueva y fuerte subida que nosotros hacemos por la carretera y que nos conduce al final de la etapa: llegamos a La Calzada de Béjar.


La Calzada de Béjar: calle principal por donde transcurre el camino que le da el nombre.

El albergue privado Alba-Soraya lo regenta con mimo y buen hacer un matrimonio, así como la casa rural de al lado. Después de la ducha y la colada nos ofrecen una cena casera sencilla y exquisita. El trato amable y familiar, así como la limpieza y conservación de las instalaciones hacen de éste un buen y recomendable albergue.
Tras la cena, el dueño nos brinda un vasito de un licor de elaboración artesana que por supuesto tomamos sentados a la fresca del corral, donde un peregrino alemán que habla español nos ameniza la velada; se trata de un gran admirador y conocedor de nuestro país donde trabajó varias temporadas hasta su jubilación.
Damos un paseo por el pueblo con la intención de tomar la última en algún bar pero el único que hay está cerrando cuando llegamos, así que a dormir y mañana será otro día.

29 de Septiembre. 7ª Etapa: CALZADA DE BÉJAR-SALAMANCA. (65 km)

Otro nuevo día en que madrugar no nos sirvió de gran cosa excepto para pasar un poco de frío en esas tempranas horas. Decidimos no desayunar en el albergue sino continuar hasta Valverde de Valdelacasa, donde aún estaba todo cerrrado, igual que en Valdelacasa, donde me negué a continuar sin un triste café que echarme al coleto y para lo que hubo que esperar un rato a que abrieran el bar. Además de que la subida a Valdelacasa, así en frío, se hace ciertamente difícil.

Valverde de Valdelacasa.

Cartel informativo de la Vía de la Plata, en las cercanías de Fuenterroble de Salvatierra. Pedaleamos un poco más y a media mañana llegamos a Fuenterroble de Salvatierra, en cuyo albergue hicimos un descanso y donde tuvimos ocasión de conocer al párroco Don Blás, con quien charlamos tomando un té que amablemente nos ofreció. De este modo supimos del tesón y empeño de este hombre en la rehabilitación de la iglesia parroquial así como en la valoración como patrimonio de la Vía de la Plata.

Albergue.
Santa María la Blanca, en Fuenterroble de Salvatierra.
Continuamos en el camino hasta el inicio del ascenso al Pico de la Dueña, que obviamos por ser bastante complicado para mi bicicleta, para tomar la carretera en dirección al pueblo de Pedrosillo de los Aires.
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En este tramo después de Fuenterroble se aprecia la vieja cañada en toda su anchura, 75 metros o 90 varas castellanas. Al fondo las montañas del Sistema Central.

IMG_5592Otro paraje pintoresco por esta zona, con la choza y el crucero.


Llegando a Morille nos sorprendió este reclamo ciclista, así como las pintadas de ánimo en la carretera, que no iban dirigidas a nosotros sino a los destacados en la contrarreloj de la Vuelta de este año. El mucho calor a esa hora, así como la sed y el hambre hicieron el resto, de modo que no fue difícil dejarse tentar por este canto de sirena.


Después de pasar un buen rato a la sombra, del tirón a Salamanca que, como en un espejismo, ya se ve en la lejanía.


…y por fin a sus puertas.

Callejeando un poco llegamos al albergue Casa de la Calera, muy bueno y bien situado en el mismo centro histórico. La única pega el horario de cierre: una lástima retirarse a las diez de tan sublime ambiente nocturno.